La lluvia forma charcos y lagunas que se secan con la llegada del verano. En ese barro cuarteado late la vida. Peces y crustáceos esperan las primeras gotas para revivir. También se unen a la fiesta anfibios y numerosas aves. Con su ausencia o su presencia el agua marca la vida. El desierto, en apariencia yermo, es el ejemplo perfecto de la adaptación al medio de plantas y animales. El rocío, los excrementos, las semillas o los pinchos forman parte de los trucos más eficaces para vivir en este medio adverso.