Esperanza le encargan limpiar la capilla del convento. No muy a gusto con la tarea, decide prestar más atención a lo que está ocurriendo en el altar que a la labor que le han encomendado: el padre Tomás le explica a una pareja los detalles de la ceremonia religiosa en la que contraerán próximamente matrimonio.
Ver allí en el atrio a su querido Tomás ilumina el rostro de Esperanza. Y su imaginación empieza a rodar… Así, se ve a sí misma cruzando las puertas de la capilla, ataviada con un magnífico vestido blanco cual princesa de cuento de hadas, yendo al encuentro de su “príncipe consorte”, enfundado en un elegante smoking negro. El caballero en cuestión es, por supuesto, su amado Tomás…
Mientras realiza tareas de limpieza en la capilla, Esperanza activa el motor de su imaginación, que parece no tener límites. Parada justo frente al altar, la joven novicia sueña que contrae enlace con su amado padre Tomás ¿Simple deseo o una posible realidad?